Ardor, enrojecimiento, sensación de arenilla o visión borrosa: cuando aparecen estas molestias, muchas personas recurren a la farmacia y compran gotas “para los ojos” sin saber exactamente qué necesitan. El problema es que no todas las gotas oftálmicas sirven para lo mismo y usarlas sin un diagnóstico adecuado puede empeorar el cuadro o retrasar el tratamiento correcto.
Ojo seco, infecciones oculares y glaucoma son condiciones muy distintas entre sí, aunque algunos de sus síntomas puedan parecer similares. Cada una requiere un tipo específico de medicación, con objetivos y mecanismos de acción diferentes. Aprender a diferenciar las gotas oftálmicas no solo ayuda a aliviar los síntomas de forma adecuada, sino que también protege la salud visual a largo plazo.
Gotas oftálmicas: no todas cumplen la misma función
Desde el punto de vista médico, las gotas oftálmicas se formulan para actuar sobre problemas específicos del ojo. Según la American Academy of Ophthalmology (AAO), uno de los errores más comunes es asumir que cualquier gota “para ojos rojos” es segura para cualquier molestia. En realidad, usar el tipo equivocado puede ocultar síntomas, generar efectos adversos o agravar una enfermedad existente.
Por ejemplo, las gotas lubricantes no tratan infecciones, los antibióticos no alivian el ojo seco y las gotas para glaucoma no sirven para la irritación ocular común. Además, algunas gotas contienen conservantes o medicamentos potentes que solo deben utilizarse bajo supervisión médica.
Por eso, antes de aplicar cualquier colirio, es importante entender qué tipo de problema ocular se está intentando tratar.
Cómo diferenciar las gotas para ojo seco, infección o glaucoma
1. Gotas para ojo seco
El ojo seco no es una infección. Ocurre cuando el ojo no produce suficiente lágrima o cuando la lágrima es de mala calidad. Según Mayo Clinic, sus síntomas más comunes son ardor, picazón, sensación de cuerpo extraño, cansancio visual y, paradójicamente, lagrimeo ocasional.
Las gotas indicadas en estos casos son lágrimas artificiales o lubricantes, que pueden presentarse con o sin conservantes. Su función es hidratar y proteger la superficie ocular, no curar una enfermedad infecciosa ni modificar la presión del ojo.
Estas gotas suelen ser seguras, pero si se necesitan varias veces al día o los síntomas persisten, es importante evaluar la causa del ojo seco.
2. Gotas para infecciones oculares
Las infecciones oculares pueden ser bacterianas, virales o alérgicas, y cada una requiere un tratamiento distinto. Las infecciones bacterianas suelen provocar secreción espesa, enrojecimiento marcado, molestias y, en algunos casos, dolor.
En estos cuadros, el oftalmólogo puede indicar gotas antibióticas u otros medicamentos específicos. Usar antibióticos sin diagnóstico —o interrumpir el tratamiento antes de tiempo— puede generar resistencia bacteriana o empeorar la infección.
La AAO advierte que las infecciones virales o alérgicas no deben tratarse con antibióticos, ya que no son efectivos en esos casos.
3. Gotas para glaucoma
El glaucoma es una enfermedad crónica que daña el nervio óptico, generalmente asociada a un aumento de la presión intraocular. A diferencia del ojo seco o las infecciones, el glaucoma suele no causar síntomas en etapas iniciales, lo que lo convierte en una de las principales causas de pérdida visual silenciosa.
Las gotas para glaucoma están diseñadas para disminuir la presión intraocular. No alivian el enrojecimiento ni la resequedad y no deben usarse sin diagnóstico, ya que su uso innecesario puede provocar efectos secundarios y retrasar la detección de la enfermedad.
El National Eye Institute (NEI) señala que la adherencia correcta al tratamiento es clave para evitar la progresión del daño visual.
Cuándo no automedicarse y acudir al oftalmólogo
Existen señales claras que indican que no se debe usar ninguna gota sin evaluación médica:
- Dolor ocular intenso o persistente
- Visión borrosa repentina
- Secreción espesa o amarillenta
- Enrojecimiento que no mejora
- Antecedentes de glaucoma o cirugía ocular
- Necesidad de usar gotas todos los días sin mejoría
En estos casos, el oftalmólogo realizará un examen completo para identificar la causa real del problema y prescribir el tratamiento adecuado.
Una gota incorrecta puede hacer más daño que bien
Aunque parezcan inofensivas, las gotas oftálmicas no son todas iguales. Diferenciar entre colirios para ojo seco, infección o glaucoma es fundamental para cuidar la salud visual y evitar complicaciones. La automedicación ocular sigue siendo una práctica común, pero también una de las principales razones de consultas tardías. En Glaucoma Lima Center, contamos con especialistas que pueden evaluar tus síntomas, medir tu presión ocular y recomendar el tratamiento más adecuado para cada caso. Ante cualquier molestia persistente, agenda una consulta y protege tu visión con un diagnóstico profesional.
