Muchas personas creen que las cataratas solo pueden identificarse cuando la visión ya está muy deteriorada o cuando el médico empieza a hablar de cirugía. Sin embargo, la biología del ojo cuenta otra historia. El cristalino —esa lente natural que nos permite enfocar— comienza a perder transparencia de forma progresiva con los años, y esos cambios pueden ser observados directamente por un especialista incluso en un control oftalmológico considerado “de rutina”.
En el Perú, donde la expectativa de vida ha aumentado y las enfermedades visuales asociadas a la edad son cada vez más frecuentes, surge una duda clave: ¿basta un chequeo regular para detectarlas? La respuesta de los oftalmólogos es que sí, siempre que la evaluación incluya un examen clínico adecuado y no se limite solo a “medir la vista”. Entender cómo se llega al diagnóstico ayuda a derribar mitos y a valorar la importancia de las revisiones periódicas.
¿Cómo se detectan las cataratas en un examen oftalmológico básico?
El protagonista del diagnóstico es el examen con lámpara de hendidura. A través de este microscopio, el oftalmólogo ilumina el ojo con un haz fino de luz y puede ver el cristalino capa por capa. La American Academy of Ophthalmology explica que esta observación permite identificar las opacidades características y diferenciarlas de otros problemas como errores refractivos o enfermedades de retina. Mayo Clinic detalla que, además, se realizan pruebas complementarias habituales en el chequeo: la agudeza visual, el examen de pupila dilatada y la evaluación de retina para descartar causas asociadas.
El MINSA ha recordado recientemente que un control oftalmológico anual es fundamental porque “las cataratas iniciales pueden no presentar síntomas evidentes y solo son detectables por el especialista”. Esta recomendación cobra sentido si se considera el rol del optometrista: en campañas o controles preliminares puede aparecer la sospecha, pero la confirmación corresponde al oftalmólogo mediante evaluación clínica completa.
Primeros síntomas: lo que el paciente siente y lo que el médico observa
Desde la experiencia del paciente, las cataratas suelen manifestarse como visión borrosa, sensación de neblina, deslumbramiento con el sol de verano o con las luces de los autos por la noche. También aparecen cambios frecuentes en la medida de los lentes y dificultad para distinguir contrastes. No obstante, los estudios coinciden en que existe un periodo en el que la persona no nota nada y el único que puede ver la alteración es el profesional.
Biológicamente, esas señales se explican por la acumulación de proteínas y la pérdida de elasticidad del cristalino. Por eso, un chequeo de rutina no siempre termina en cirugía inmediata. Los especialistas aclaran que, al detectar una catarata incipiente, lo correcto es monitorear su progresión, mejorar la corrección óptica y evaluar el impacto real en la vida diaria antes de hablar de operar.
La detección temprana: una oportunidad para planificar y proteger tu visión
Encontrar cataratas en un control oftalmológico regular es, más que una mala noticia, una ventana de tiempo. La tecnología actual permite planificar mejor el momento de la intervención, educar al paciente y evitar que la enfermedad avance hasta etapas que limiten actividades básicas como leer el periódico, reconocer rostros o desplazarse con seguridad.
Glaucoma Lima Center recuerda que toda disminución visual merece una evaluación integral. Un chequeo oftalmológico de rutina, cuando está bien hecho, puede revelar mucho más de lo que imaginamos sobre la biología del ojo y convertirse en el primer paso para cuidar la visión a largo plazo.
